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jueves, 15 de diciembre de 2022

El hombre que inventó la Navidad.

 


Año: 2017.

Duración: 104 minutos.

País: Gran Bretaña.

Dirección: Bharat Nalluri.

Guion: Susan Coyne. Novela:

Novela: Les Standiford (con igual título).

Música: Mychael Danna

Fotografía: Ben Smithard

Reparto: Dan Stevens, Christopher Plummer, Jonathan Pryce, Miriam Margolyes, Simon Callow, Bill Paterson, Cosimo Fusco, Annette Badland, Justin Edwars, Sean Duggan.

Género: Drama.

 

«Estimado Fuster.

¿Cómo puedo darte la más leve noción de mi recibimiento aquí en América? De las multitudes que entran y salen en tropel. De las personas que llenan las aceras cuando salgo. De los bailes, las cenas, los discursos, las fiestas, las reuniones sin fin. No ha habido rey ni emperador sobre la Tierra tan celebrado…»

En esta serie de escritos sobre películas de temática navideña que estoy trayendo al blog hoy quiero detenerme en “El hombre que inventó la Navidad”. Es una película que pasó por taquilla sin pena ni gloria, pero que la considero sumamente interesante porque se habla de un Charles Dickens poco conocido.

No quiero referenciar a un Dickens exotérico, misterioso o darkiano. Tal vez sí a un Dickens desde un punto de vista psicológico en estados alterados de conciencia. Esta película, aunque no lo ahonda en la totalidad que debiera, sí que es un referente de tales hechos.

Comencemos por el principio como es su título: ”El hombre que inventó la Navidad. Esa es una afirmación totalmente rotunda. Antes de la aparición de Cuento de Navidad, esta festividad se circunscribía a la intimidad del hogar y a los oficios religiosos. Sobre todo a esto último. No existía lo que luego fue los adornos, luces, escaparatismo y ornamentaciones y lo Divino. Cosas que hoy nos parecen normales, pero que fue la novela de Dickens quien la introdujo socialmente. No puedo negar que podían existir estas cosas, pero siempre de manera muy circunscrita a familias pudientes e iglesias.

Por otra parte, en la película nos muestra a un Dickens que vivía entre fantasmas (para su desgracia algunos hasta vivos). En ella se nos muestra como se le aparecían en su despacho, pero la realidad era que se le aparecían en sueños. Él ideó un sistema de duermevela donde escribía en la oscuridad lo que visionaba en ese estado alterado de conciencia. Ideó esa manera de escribir y Cuento de Navidad se pergeña en tal estado. Pensamiento mágico por decirlo en un lenguaje romántico.

Estoy totalmente de acuerdo que Dickens inventa la navidad popular y callejera. Pues la saca de su cautiverio hogareño y eclesiástico para entregársela al pueblo.

Recordemos que Cuento de Navidad" constituyó el gran éxito de Charles Dickens en 1843. Pero sus tres obras anteriores le supusieron rotundos fracasos. Ningún editor quería publicarle y él mismo se vio obligado a publicar su nueva obra para paliar las dificultades económicas por las que estaba pasando.

Sobre la película no voy a engañarlos. No es una gran película. Un gran reparto sí, pero se esperaba más de ella. Aun así, nos muestra la realidad de Dickens en aquellos difíciles momentos para él donde estaba acuciado a deudas y la creación de su obra coral. Y aparte de eso nos muestra a un Dickens con problemas no resueltos de la infancia, sus problemas filiales, sobre todo con su padre, y un matrimonio que, aunque sólido, es muy fuertemente golpeado. Lo que se une a lo que siempre ha pasado entre muchos escritores. La envidia y el derribo social mediante la calumnia.

Es una película que aunque no satisface las expectativas de espectadores como yo, tiene momentos de tedio, es un film entretenido y que vale la pena ver. Siempre y cuando se acepte ese Dickens de pensamiento mágico y en estados alterados de conciencia en ese duermevela donde transitaba el mundo de lo tangible e intangible. Pues fue en ese mistérico mundo donde la Navidad llega a las calles y dónde se crea una de las obras maestras de la literatura universal.

Sobre un Cuento de Navidad ya hablaré dentro de poco y no precisamente de la genialidad que es el libro sino de una de sus versiones cinematográficas.

miércoles, 13 de julio de 2022

Dos palabras para enamorarte.

 

Dos palabras para enamorarte dentro de un texto que indudablemente atrapa y enamora.


Género: Novela.

Autor: Yauci Manuel Fernández (España).

Año de publicación: 2017.

«Manu intentaba recordar las caras de Bea y Moi mientras el sol ya se ponía en la playa de La Manga. Había pasado tanto tiempo desde el accidente que no lo conseguía. A veces, cuando dormía, podía ver el rostro de Beatriz, pero en cuanto abría los ojos desaparecía de nuevo. No entendía como podía haber olvidado sus facciones. Su sonrisa, su mirada. Sentía que había sido un sueño al que ya nunca podría volver…»

 

Si alguna buena sorpresa literaria me he llevado en los últimos tiempos indudablemente es con el libro que reseño en esta entrada.

“Dos palabras para enamorarte” es un texto que llegó a mi hará cosa de un año por medio de un regalo. La verdad es que su título y portada, ni siquiera conocía a su autor, me llamó la atención, pero la coyuntura es exigente y quedó en mi mesa de libros pendientes por leer. Mesa que cada día ocupa un mayor volumen en libros y no sé bien por qué. Misterios de la vida.

Hace pocos días estaba buscando una novela no muy extensa en páginas. Una historia que me resultara fresca y rápida de leer y recordé este libro. Lo que no contaba era con lo siguiente:

Esta historia me atrapó desde la primera página. Tan fresca y rápida me pareció que la leí de un tirón. Era imposible no dejarse hechizar por la trama de Manu y Joanna. Experimenté tal sensación e introspección en la narración que no quería soltar el libro, pese a las altas horas de la noche. He de confesar que en parte me sentía muy identificado con Manu. Afortunadamente no con los hechos trágicos que marcaron su vida desde un punto concreto, pero sí de ciertas derivaciones originadas por la tragedia. El escudo de autoprotección, el miedo, el socializar lo justo, la desconfianza de que alguien quiera sinceramente ser tu mecánica del corazón… paradójicamente eso lo viví en su máxima expresión en el año que se publicó esta novela.

Son de esos libros que marcan un punto de inflexión. Y más cuando es en el caso de lectores como yo que nos gusta desplegarnos por las paginas de la dureza del ensayo y que algunas veces es territorio hostil.

Yauci Fernández creó una serie de personajes muy bien estructurados. Cada uno con su propio mundo pero que se cruzan y se fusionan en momentos dados. Hago mención, porque me choca/atrae bastante, el personaje de Encarna, madre de Joanna y toda una celestina. Incluso hay un fragmento muy concreto que no sé muy bien cómo tomarlo sin ser mal pensado (pág.42). Pero en general son personajes sencillos. De esos que perfectamente nos podemos encontrar en el día a día de las grandes ciudades o en lugares vacacionales.

También esta novela tiene una espoleta de partida de algo que siempre he defendido que es que no creo en las casualidades, sino en las causalidades. El accidente de Esmeralda (hermana de Joanna), ya de por sí rocambolesco, en la playa que le sucede paseando junto a ella, el rápido auxilio de Manu y los acontecimientos posteriores obviamente me parecen la conjunción cósmica que crea las causalidades. Las causas que hacen que dos desconocidos, con sus miedos y complejos fusionen sus abstraídos mundos. Muchas personas hemos pasado por procesos similares, donde se extraen muchas enseñanzas, pero hay que pagar por ello un alto precio. Todo esto está narrado de forma magistral. Indudablemente se nota que la mano de alguien que conoce la psicología, las matemáticas y el arte a pergeñado las páginas.

El lector siente una complicidad/piedad con los personajes. Los visualizamos, los recreamos en nuestra mente e incluso como me pasó a mí, deseo introducirme en la historia en algunos fragmentos como donde Manu y Joanna se despiden en la parada de bus. Le hubiera roto el billete y empujado hacia ella gritándole que si estaba imbécil o ciego.

También tienen sus momentos y diálogos irónicos y llenos de hermosura. Tiene un toque de comedia romántica de la década de los 90, pero con sello y estilo propio.

Siempre incido en que no quiero hablar mucho del libro. Mi función es ser banderín de enganche para que si les interesa lo compren. Pero creo que es un libro muy bueno para quién está pasando un bache emocional o para quienes necesiten ese aliento, en forma de lectura, de que la vida sigue y hay que vivirla. Para quienes sufren en los sonidos del silencio el amargo cáliz de una pérdida tan significativa como es una novia y un amigo. Para aquellos que ríen con ganas de llorar y cada noche son exiliados de los mundos de Morfeo por un sentimiento de culpa, desengaño y nostalgia. Los que viven sin espíritu ni alma y para ellos la vida se ha convertido en simples movimientos mecánicos sustentados por la respiración y un alimento, que al igual que su propia existencia, ya no sabe a nada.

Esta novela te dará luz y una enseñanza espiritual sobre dos cosas. El pasado es pasado, el auto perdonarse en fundamental y lo que llega, si es bueno y aporta no hay que dejarlo ir. Porque Joanna es para Manu y Manu para Joanna sumar y multiplicar. Pero Joanna cumple la dualidad en Manu de tener la sabiduría de Atenea y llevarle la luz cual Apolo surcando los cielos con su carro. No es de extrañar que la novela se desarrolle en verano, pues sus páginas son pura luz.

Este libro, que a priori era uno más que creía que tenía altas probabilidades de quedar en mi biblioteca secundaria ha pasado a engrosar mi biblioteca principal. Porque es un claro llamamiento a despertar del sopor de la afligida tristeza. Me siento dichoso de haberlo leído, y aunque para mi llega la enseñanza unos años tarde, pues Manu y yo tenemos, o afortunadamente mejor decir que tuvimos, cosas en común. Pero la vida es así y no siempre vienen las cosas bien dadas y siempre existirán Manus y Joannas. Pero también Beas y Mois. Y hay que saber transitar ese pedregoso y agreste sendero muchas veces hasta descalzo.

Hasta la causalidad se da en los momentos de mi lectura y escribir esto. Busqué al autor en redes sociales, dando con él en Instagram, y las causas hacen que esté veraneando por La Manga, lugar donde se desarrolla esta novela. Otra conjunción cósmica.

Más no voy a desentrañar el libro. Felicitar a su literato por ello, aunque tienen más títulos publicados, y de nuevo expresar mi dicha por esta lectura de unos personajes tan profundos e intimistas que posiblemente existan más en la realidad que en la ficción.

¿Y cuales son esas dos palabras para enamorarte? Mi querido lector/a de la Biblioteca Hiperbórea para saber esa bonita conjunción para el corazón y alma tendrás que leer el libro para saberlo. Pero sí, indudablemente son dos palabras para enamorarte.

Saludos y buenos libros.